lunes, 8 de abril de 2013

El Patio de Bendicho de mi infancia


El patio de bendicho de mi infancia lo recubrían varias capas de cal y pintura, la fachada la recuerdo color rosáceo, al entrar , en el centro, una gran jardinera llena de matas salvajes, el correo postal llegaba a través de unos viejos buzones color verde, casi descolgados, no tenían los mismos siglos que la casa pero lo parecía.
En el patio de bendicho de mi infancia el número trece estaba pintado sobre la pared y las columnas se retorcían por la erosión, carcomidas por todo lo que llevaban a la espalda.
De vez en cuando pululaba por ahí una vespino que a los niños no nos hacía mucha gracia por la simpatía del dueño, una de las habitaciones, hoy la sacristía, en su tiempo fue la cuadra, todavía recuerdo los enganches y abrevaderos.
En el patio de bendicho de mi infancia el enlosado del suelo eran grandes piedras de cantería muy desiguales, comidas por el paso de los años y que dificultaban los pases al hueco de los partidos de fútbol que se organizaban.
 Las escaleras sostenían los azulejos como podían y al subirlas el fuerte olor a barniz te recibía junto al gran portalón que se encontraba justo al comenzar  la segunda planta.
En la planta de arriba escuché las primeras marchas de Semana Santa que yo recuerdo, curiosamente lo que fue Secretaría o sigue siéndolo y es posible que las tardes de bordado de mi infancia vuelvan al patio de bendicho, no ya en esa recóndita sala con un calendario del Cautivo de Málaga y con un balcón inaccesible a los niños por el miedo al desplome, no, hoy es la Sala de Juntas, y si ha de volver el bordado al Prendimiento lo hará pero no ahí.
El patio de bendicho de mi infancia dista mucho del de mi madurez, no hay ventanas azules, hay grandes ventanales barnizados, ahora hay más columnas, antes se escondían en habitaciones inventadas, se recuperó la vida que un día tuvo y es lo que nos hace más HERMANDAD.

2 comentarios:

fernando salas pineda dijo...

Preciosa entrada, yo, sin haber vestido nunca túnica cobalto con capa dorada, ni blanca con celeste, ni roja con blanca, tengo también muchos y buenos recuerdos -alguna anécdota- de tu patio de Bendicho... tenía su encanto el viejo caserón que no palacio. Un beso.

Anónimo dijo...

Muy bonito
Anonimo Bendicho